Siempre he dicho que cuando me retire de esto del voleibol, querría seguir haciendo algo por él. Lo que más me atrajo siempre fue la idea de entrenar.
Mi primera experiencia fue entrenar en el Instituto Santo Tomé de Vigo a chavales y chavalas de 14 o 15 años. Samuel y yo íbamos 2 días a la semana al Instituto y entrenábamos a la intemperie en pista de asfalto. Algún día de mal tiempo, dentro del gimnasio. Conseguimos bastantes progresos y las encargadas de educación física acabaron muy contentas con nosotros.
En Coia muchas veces nos endosaron las escuelas deportivas municipales, entrenando a niños más pequeños que el propio balón.
Jugando en el Xuvenil de Teis, me encargaron la tarea de dirigir al equipo juvenil el día que debían clasificarse para liga gallega. Fuimos en cuadro a jugar a Ourense y logramos ganar 2-3. Objetivo cumplido.
Tras mi periplo por el voleibol gallego, al volver a Vigo, me encargué de entrenar a los juveniles. El equipo jugaba en una extraña liga provincial. En la liga estaban los equipos juveniles de la provincia de Pontevedra no pertenecientes a la Liga Gallega, y los equipos de oeste de Galicia que jugaban en 2ªB. En resumen: 2 senior (Noia y Bertamiráns) y 2 juveniles (Durán y Vigo). Recuerdo haber ganado la liga, aunque no recuerdo muy bien como fue eso posible. Las órdenes eran claras: pasarla de dedos al otro lado!
Y unos años más tarde, aquí estamos como entrenador del Portol Juvenil Femenino.
Es sobradamente sabido que no me apasiona el voleibol femenino. Pero estoy convencido de que esta experiencia es lo que necesito para cogerle el gusto. Las chicas en cuestión le plantarían cara a los equipos masculinos que he llevado antes.
La verdad es que me divierto bastante con los entrenamientos y espero que ellas también lo hagan. Aunque todos sabemos que la mejor forma de divertirse es ganando. Así que este sábado en el primer amistoso ... vamos a ganar.